
Echo mi pálido aliento sobre el cristal y con la yema del dedo escribo “Te amo”. La verdad es que no sé realmente a que me refiero, amo tantas cosas que pronto echaré en falta, tantas que pronto me echarán de menos…
Me muero, todos nada más nacer empezamos a morir, con cada día que pasa dejamos atrás un recuerdo, un trocito de vida. No supe aferrarme bien y me caigo, todo se desmorona a mi alrededor y no hay ningún saliente al que agarrarme, tengo 17 años y la muerte me devora por dentro.
Mi madre me saca de mis meditaciones, con ellas me abstraigo de un mundo que no me gusta, que es cruel e injusto. Ella vuelve a llamarme con su voz dulce y quebrada por los acontecimientos de los últimos meses, intenta llamar mi atención al no encontrar respuesta la primera vez, hablo poco, respuestas cortas y concretas, sin explicaciones, ya no tengo ganas de hablar ¿Para qué? Es un esfuerzo vano, las palabras solo se quedan flotando en la mente si son importantes, por eso, solo hablaré cuando sea necesario.