no sobran palabras!

Para los amantes de la música y la literatura ¡Nunca nos sobran las palabras!



domingo, 20 de febrero de 2011

José.

Él es José, un señor hombre, uno de esos de pelo en pecho, uno de esos de ceño fruncido y barriga sobresaliente, uno de esos con bigote negro, azabache, que no se diga.

Él es un payaso, de profesión, no le gusta insultar llamando a alguien payaso, porque, para él, no es algo malo, sino lo mejor del mundo.
Es un payaso de esos a los que les encantan las onomatopeyas, las risas extravagantes y las pelucas rizadas y coloridas.
Sí, si hace falta, José, o Pepín El Payasín, como prefiráis, se pone un zapato gigante en el pie derecho y uno muy pequeño en el izquierdo. Si hace falta, se pone un vestido de florecitas rosas y verdes que deje ver su viril pecho. Si hace falta, se maquillará, dibujándose una gran sonrisa encarnada en la cara, es más, es capaz de ponerse rímel y pestañas postizas, y de llevar un gracioso y ridículo bombín con una florecilla encima de una peluca coloreada de rosa, verde y naranja.

Sí, porque a José, no hay nada que le guste más que hacer sonreír. Olvidar preocupaciones, eso es.

Le da la mano a los niños pequeños y deja que le enreden la peluca, que le abracen y que le toquen la nariz, a lo que él responde con un gracioso "Mec Mec".
Si señor, saca conejitos de su bombín, eso sí, conejitos con nariz de payaso.
Los niños ríen y ríen y aplauden, y a él, no hay nada que le guste más.
Con un monociclo da vueltas y vueltas en círculos, haciendo sonar un enorme claxon.
Se cae a propósito y juega con el público al tenis, aunque con una extraña peculiaridad; ¡sin pelota!
Baila samba y salsa, y a veces con tacones, aunque por supuesto, también uno más grande que el otro.

Sí, porque para José no hay nada más bonito, hacer reír, hacer estallar en carcajadas a un inocente hombre que pasa por ahí, disfrutar con ello. Él colecciona sonrisas, y no hay nada más estimulante que eso.
Convierte las sonrisas de la gente en mariposas, palomas, pompas de jabón, o simplemente deja que el sonido salga y lo inunde todo. Coge una sonrisa, y otra, y otra, y las va transformando, a lo que los niños responden con más carcajadas y aplausos, saltan extasiados de los asientos y chillan.
Les duelen las mejillas.

Y es que, no hay nada más bonito que verle en acción.
Ejerciendo la mejor profesión del mundo: haciendo soñar.




Pizpireta.

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