Hola! llevo mucho tiempo sin escribir pero mi asistencia a un concierto de música clásica ha traído de vuelta a mi musa: (escucha la música durante la lectura pinchando en el link que está justo debajo)

La belleza de cada nota del violín es tan sutil y a la vez tan intensa que no quiero rozarla por miedo a romperla. Es delicada y al mismo tiempo consistente, se acopla al unísono y baila abrazada al arco y, sin embargo, es única.
Cierro los ojos y la música fluye a través de mí, como si mis venas fuesen un pentagrama. El violín se traslada a mi cabeza e imagino todos los movimientos del virtuoso. Cada melodía se va deshilachando y penetrando en mis sentidos, la luna se mece al compás de la perfecta compenetración de los músicos de cámara y de repente un violín chilla y ahoga su grito en una nota posterior, más grave. Está en éxtasis, la sensación se me contagia y un escalofrío de placer recorre todo mi cuerpo.“Mientras más agudo, más hermoso y más cerca de estallar” -pienso-.

Imágenes no paran de sucederse en mi imaginación: Un cisne que desencadena un ballet, y éste me lleva a una sala con un enorme escenario y un telón pesado y rojo. Sí, ahora estoy en el teatro y una araña cristalina ilumina los palcos; expresiones cambiantes, sonrisas, lágrimas, cantos, bailes, nuevas realidades, la oportunidad de ser otra persona por unas horas, ahora todo se sucede cada vez más deprisa,
siguiendo el compás de la pieza que se ha convertido en un “allegro” y no logro entrever una imagen clara, aunque todo me lleva al arte. Un grave y decidido toque final me impulsa, como con un resorte, a abrir los ojos de golpe, entonces vuelvo al presente.
Las notas son lentas y muy suaves ahora, sube la intensidad en un “crescendo” y se asemeja a la banda sonora de una película de romance y aventura. La gente aplaude, ¡oh! había olvidado que unas ochenta personas admiran expectantes.
Las hojas de los árboles se balancean pero yo no siento la brisa. ¡Ah! Sí, ya llega; es un soplo de música, un soplo de felicidad y plenitud. La belleza del sonido me embriaga, me empapo de sentimientos y sonrío sin darme cuenta, la tinta fluye pero siento que no se equivalen y me rebano los sesos adivinando la manera de plasmarla, de inmortalizarla, pero no me quedo satisfecha y la música vuela.

Dos instrumentos conversan, se enfrascan en su juego; el primer y segundo violín charlan animadamente, discuten y finalmente se besan. La gente interrumpe con sus palmadas y vuelvo a cerrar los ojos. El directo se paraliza en mi mente y el momento no termina. La gente abandona sus butacas y la emoción pasa, pero las notas más agudas juguetean aun en mis oídos, las intento tararear pero es en vano intentar estropear el recuerdo y las canto en silencio, en mi mente. Un concierto de emociones que me ha evadido de la realidad .
La grandiosidad del arte me emociona, me inspira.